GRISELDA TESSIO
DIPUTADA DE LA PROVINCIA DE SANTA FE






Informes Especiales

Política agropecuaria: una materia pendiente
Facultad de Ciencias Agrarias UNL

El anuncio del incremento de las retenciones encendió la mecha, pero lo que estalló es un conflicto con raíces mucho más profundas. El esquema del sistema productivo del sector agropecuario sufrió importantes modificaciones en las últimas décadas, que se aceleraron en los últimos años. Las consecuencias: un importante proceso de concentración que afecta tanto a la agricultura como a la ganadería y cambia diametralmente las reglas de este juego del Estanciero, donde cada vez quedan menos jugadores con más tierras.

Hubo un cambio de roles y hoy el campo es identificado como el sector conflictivo, el acusado de los incendios, del alza de los precios y el desabastecimiento. Pero más allá de las idas y vueltas y denuncias mediáticas, hoy estamos ante el levantamiento de un sector que requiere políticas a largo plazo.

"El campo es el problemático hoy, porque es la base de la economía nacional y puso sobre el tapete su problemática. Este tema no empezó ahora sino que es algo por lo que el productor agropecuario viene discutiendo y peleando hace tiempo", afirmó el Ingeniero Agrónomo Luis Rista, decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Litoral (UNL).

Una de las posibles lecturas de este conflicto es entender que el incremento de las retenciones a la soja y al girasol favorece el proceso de concentración de la tierra. Disminuye la rentabilidad del pequeño productor agrícola y de aquel que hizo mixto su establecimiento a fin de recuperar la falta de rentabilidad de su actividad principal (como ocurre con el tambo).

La forma de aumentar la rentabilidad y crecer en la producción es a través de la inversión en tecnología. Sin embargo, la inestabilidad del sector, la falta de previsibilidad que implican las modificaciones de las reglas de juego sobre la marcha y la carencia de lineamientos políticos a largo plazo, desaniman a los productores a encarar riesgos y endeudamientos. Para muchos hay una sola salida: abandonar la actividad, vender o arrendar y dejar atrás no sólo un trabajo, sino todo un estilo de vida y una tradición.

A largo plazo

La concentración del sector agropecuario puede entenderse, en parte, porque en la Argentina no hay una política clara para el desarrollo del sector. "Hoy nos estamos dando cuenta de la ampliación de la frontera agrícola en desmedro de otras actividades regionales, de los sistemas naturales, de otras formas de explotación como la ganadería, la lechería, pero no estamos haciendo nada con respecto al incentivo", afirmó Rista.

El incentivar otras actividades reduciría la diferencia de rentabilidad de la soja y favorecería la diversificación. Zonas que tradicionalmente no eran aptas para la agricultura hoy, gracias a la siembra directa, están siendo cultivadas con soja.

"Al norte de Crespo (provincia de Santa Fe), por ejemplo, los rendimientos de la soja de segunda hacen dudar si realmente vale la pena. Si hubiera una política de promoción de la ganadería en esos terrenos valdría la pena hacer ganadería y no hacer soja. No es que el productor va a preferir hacer soja, pero para ello necesita estabilidad y política”, señaló la Ingeniera Agrónoma Susana Grosso, docente de la FCA - UNL y miembro de la Red de Información de Interés Agronómico (RIIA) que funciona en coordinación con la Estación Experimental Rafaela, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y profesionales, cooperativas e instituciones del sector en la provincia de Santa Fe.

La empresa agropecuaria es una empresa como cualquier otra y por lo tanto requiere de previsibilidad. Para ello es prioritario contar con un programa nacional agropecuario que logre trascender la coyuntura y plantee al menos un mediano plazo. A su vez, es necesario proyectar lineamientos que integren cuestiones tales como la defensa y el manejo de los recursos, la conservación de los pequeños campesinos y los pueblos originarios. En el campo no todo es agricultura o ganadería extensiva, hay otras alternativas que no están siendo incentivadas.

La Argentina cuenta con profesionales y grupos de investigación altamente calificados para la discusión y elaboración de políticas para el sector. De hecho, la Asociación Universitaria de Educación Agropecuaria Superior (AUDEAS), a través de su declaración del 16 de abril pasado, ofreció la capacidad profesional de las facultades de agronomía de todo el país con este fin.

Más en menos manos

"La política agropecuaria de unos diez años atrás permitió que el fenómeno de concentración ocurriera, no hubo una intervención. En esa época, la política estaba convencida de que debía realizarse un cambio de estructura y un cambio de escala. Lo que le faltó a esa política era contemplar qué pasaba con los productores que desaparecían", reflexionó Patricia Sandoval, docente e investigadora de la FCA - UNL.

En la provincia de Santa Fe, de acuerdo con los datos del Censo Nacional Agropecuario (CNA), en 1988 existían 37.029 explotaciones agropecuarias (EAP) que es la unidad con la que se identifican a las empresas del sector. En 2002 el número se redujo a 28.103, lo equivalente a una disminución del 24,11%.

Investigadores de la FCA estudiaron cómo se fue modificando la estructura agropecuaria en el departamento Las Colonias, también comparando los valores arrojados por el CNA. Se verificó una disminución del número de establecimientos, pasando de 3.128 EAPs en 1988 a 2.122 en 2002. Paralelamente hubo un aumento en la cantidad total de hectáreas que ocupan estos establecimientos que en 1988 contabilizaban 581.388,4has y en 2002 alcanzaron las 606.454,3has.

La disminución en la cantidad de establecimientos fue más drástica en los de menor tamaño, donde se perdieron el 42,3% de las EAPs menores a 200has. En el otro extremo, hubo un notable incremento en la cantidad de las EPAs de mayor tamaño, existiendo en 2002 tres establecimientos que poseen entre 5.000has y 10.000 has y dos con más de 10.000has. Un cambio muy significativo si se toma en cuenta que en 1988 ningún establecimiento del departamento Las Colonias superaba las 5.000has.

Soja: la planta de la discordia

Pocas veces en la historia fue una planta el tema de conversación y de acaloradas discusiones, desde ambientes políticos hasta amigos reunidos en un bar, pero la soja logró imponerse. Y no es para menos ya que el desarrollo de un nuevo modelo tecnológico de este cultivo -la combinación de la siembra directa y las semillas transgénicas- en la década de 1990 la volvió una opción sencilla y de baja inversión, y así fue como nació el "boom sojero".

Además, "se dio conjuntamente con una situación muy mala de la carne. Recordemos que en la década del 90 teníamos el problema de la aftosa que nos impedía exportar. A su vez, el sector lechero, si bien había tenido un auge económico muy importante durante la primera parte de la década del 90, a partir de la devaluación de Brasil en 1999 perdió competitividad. En esa condición, donde las producciones típicas de la región estaban muy mal, la soja era un cultivo rentable y fácil de hacer", explicó Grosso.

En el departamento Las Colonias, la superficie sembrada con soja pasó de 39.645,80has en 1988 a 136.500,70has en 2002. Si bien no se puede hablar de esta región como "sojera" los profesionales de la FCA recalcan la necesidad de alertar sobre el avance que está teniendo la soja sobre otros cultivos y el retroceso de otras actividades como el tambo.

Más allá de la sustentabilidad de los recursos, la expansión de una agricultura dominante -más allá de que no llegue a ser un monocultivo- genera una situación de vulnerabilidad económica. "Yendo a un extremo, si en la Argentina sólo produjéramos soja y en determinado momento el mercado internacional dice, no le compramos más soja a Argentina nos quedamos sin nada. Estamos en una situación de vulnerabilidad muy delicada", comentó Sandoval.

¿Quién cultiva?

El notable incremento de la rentabilidad asociado al modelo tecnológico de la soja impulsó también el incremento de los arrendamientos. De esta forma los productores que no poseen el capital necesario para explotar de manera rentable su tierra, o quienes simplemente desean o deben abandonar esa actividad, alquilan su campo. Así, junto al propietario rentista aparece el arrendatario o productor sin tierra.

"Los productores que en determinado momento, siete y diez años atrás, no tenían una superficie que les diera una rentabilidad económica se vieron en la obligación de decidir: o seguían con un establecimiento pequeño no rentable que terminaba en la desaparición económica, o alquilaban las tierras a otros que tenían más capital y que iban sumando pequeñas empresas haciendo una empresa de escala mayor, lo que les daba rentabilidad", explicó Sandoval.

El tambo, la principal actividad de la cuenca lechera, se vio particularmente perjudicado por este proceso. De los 2.038 tambos existentes en el departamento Las Colonias en 1988, sólo quedaron 1.052 para el año 2002.

Algunos productores agropecuarios optaron por arrendar tierras para la producción agrícola y así mejorar la rentabilidad de su actividad. Este es un tipo de arrendatario pero existe otro: personas de otras profesiones, que al saber de la alta rentabilidad de la soja y tener capital disponible, se dedican a esta actividad pero como secundaria, continuando con su profesión.

Además de estas inversiones individuales, el negocio de la soja propició también la formación de pooles de siembra. Estos corresponden a grupos de personas, en muchos casos ajenas al mundo agropecuario, que aportan capital para invertir en la producción agrícola que delegan a una empresa o consultora de expertos.

"Los pooles de siembra, los más grandes, todavía no están en la región, porque ellos para operar necesitan grandes superficies. Pero sí se están desarrollando emprendimientos como fideicomisos que hoy incluso cotizan en bolsa. Estos son inversores que después de la crisis bancaria tienen un monto de dinero y hoy aprovechan la rentabilidad de la actividad agrícola", comentó Grosso.

Todo esto impulsó un proceso de aumento de los cánones de arrendamiento, que se establecen en cantidad de quintales fijos de soja. Esto implica una gran presión para los productores y dificulta la introducción de una producción diferente a la soja.

¿Qué pasa con el suelo?

Uno de los mayores debates surgidos en torno a la expansión de la soja es el deterioro que implica para la tierra. "En la región de Santa Fe la soja siempre fue un cultivo más o sea, un productor hacía una rotación de trigo, soja, maíz y giraso…Ell productor tienen una estrategia diferencial, quien trabaja el campo propio hace una rotación agronómicamente sustentable y correcta", porque busca preservar su patrimonio.

"Los campos alquilados, especialmente por períodos cortos, y el aumento de los cánones de arrendamiento constituyen el principal problema. El arrendatario, por naturaleza, le va a restar importancia al cuidado del recurso y eso generalmente no figura en el contrato de arrendamiento. En algunos contratos se agrega porque el dueño de la tierra lo visualizó, pero no hay un marco legal global que así lo establezca. No es algo que esté masivizado. Ese es un lugar que habría que trabajar para prevenir el monocultivo o una agricultura dominante", explicó Sandoval.

El propietario rentista debe ser conciente de la importancia de la conservación del recurso "no puede regalar su recurso al mejor postor por uno o dos quintales más de soja. Hasta 1995 todavía se hablaba de porcentajes, los quintales fijos son algo nuevo, de los últimos diez años", comentó Grosso.

Lo que se hace evidente es que, además de trabajar en el marco legal de los arrendamientos, es necesario contar con políticas que promuevan y hagan rentables otras actividades, ya que la diversidad es el factor imprescindible para lograr la sustentabilidad del sistema agrícola.

De acuerdo con la Asociación Argentina de la Ciencia del Suelo: "Es posible lograr producciones sustentables de soja en concordancia con la aptitud agroambiental de cada sitio. Este cultivo ha sido motor de la reactivación económica del campo y no hay motivo científico y tecnológico para que deje de ser un cultivo clave. Para ello debe ser insertada en suelos aptos para su cultivo dentro de rotaciones adaptadas a las condiciones locales, con sistemas de siembra con menor remoción del suelo y otras medidas conservacionistas y considerando a la reposición de los nutrientes como una herramienta fundamental de manejo".

Facultad de Ciencias Agrarias
Publicado en El Paraninfo / UNL / Junio 2008

ANEXO

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